He pensado mucho sobre el primer tema a escoger para inaugurar este blog. En realidad casi estaba decidido a introducir algunas ideas sobre la apasionante herramienta marketing, teoría tan necesaria y utilizada por las empresas comerciales y no comerciales en la actualidad. Esto lo haré después, pues ahora me da vueltas en la cabeza una idea que me machaca todos los días y me parece interesante para esta ocasión, me refiero exactamente a los Riesgos.
No pretendo en este espacio concluir sobre este tema, pues él ha sido abordado desde hace muchos años y analizado desde todas sus aristas en miles de páginas, conferencias, intervenciones radiales y televisivas, videos, etc. Sería demasiado pretencioso analizar con toda la profundidad requerida este tema, sus conexiones e implicaciones para todas las organizaciones en un espacio tan reducido
El objetivo es llamar la atención sobre uno de las ideas que más se analizan teóricamente en las aulas universitarias y las empresas y que en el plano personal me hace luchar casi todos los días dentro de mí espacio de oficina. Tengo un amigo empresario que me menciona la palabra riesgo muchas veces al día, sobre todo cuando no tiene otra cosa que decirme de algunas acciones que acomete sin pensar mucho. Muy “profesionalmente” me dice: _”tenemos que correr riesgos” y yo entonces siento que la silla donde estoy sentado disminuye su tamaño aplastada junto conmigo por el enorme peso del techo que nos ha caído encima.
Observemos un ejemplo que puede ilustrar dos formas de reaccionar sobre el mismo tema. Supongamos que se me ocurre escalar el Pico Duarte, elevación montañosa dominicana de 3087 metros de altura, distinguida como el punto más alto de las Antillas y famosa por lo peligroso de llegar a su cima, un buen pensamiento estratégico como escalador principiante me llevaría a comprar alguna ropa y alimentos especiales para la ocasión, sería bueno que llevara conmigo algunos medicamentos para primeros auxilios y algunas herramientas de orientación, mejor si antes me pusiera a hacer un poco de ejercicios como entrenamiento para fortalecer mis músculos, de ser posible debía aprender algo sobre primeros auxilios, por si las moscas y me llevaría algo de romo, o ron como llamamos los cubanos al producto alcohólico obtenido de la caña de azúcar para festejar por el camino o en la cima. No obstante estas precauciones, debo estar consciente de que puedo dar un mal paso y caer, perderme dentro de la vegetación, que mi “mal” hábito de fumar me complique las posibilidades de respirar en la altura, etc., etc., etc., pues son posibles problemas reales a tener que enfrentar a pesar de los planes.
Mi amigo y quizás otros muchos como él, tratan de subirse al techo de la Torre Caney, una de las más altas de la ciudad de Santo Domingo, creo que está después del piso 40, vestido de traje y corbata únicamente y lanzarse al vacío contra la Avenida Anacaona con una sola seguridad, Dios lo va a ayudar, sin entender que independientemente de las buenas intenciones que siempre tiene Dios, no está capacitado para luchar contra la ley de gravedad y el golpe mortal que ocasiona el choque contra el asfalto después de un viaje de 40 pisos de altura.
Según la Real Academia Española, riesgo significa estar expuesto a perderse o a no verificarse, además de ser una contingencia o proximidad de un daño. Desde el punto de vista empresarial, donde existen muchas definiciones y aproximaciones, el riesgo es la posibilidad de que ocurra un acontecimiento que tenga un impacto en el alcance de los objetivos, por lo cual el riesgo se mide en términos de consecuencias y probabilidades. En este sentido una definición bien exacta y explícita pudiera ser que el riesgo existe cuando se tiene dos o más posibilidades entre las cuales optar, sin conocer de antemano los resultados a que conducirá cada una de ellas.
En mi actuar como trabajador y asesor de empresas comerciales y profesor universitario leo muchas propuestas, estudios, tesis académicas, donde los autores muy interesados en demostrar las ganancias y factibilidades, hacen planes de cómo, cuánto y a quién vender, pero muy pocas veces esos estudios vienen acompañados de un real estudio de riesgos. Para colmo en no pocas ocasiones, jamás se acuerdan de que ellos existen y se limitan a poner cara de carneros degollados cuando se les hace una referencia al tema.
De ahí que primero o paralelamente al plan de introducción, crecimiento y desarrollo de cualquier negocio se deba concluir sobre los riesgos que siempre existen. Cada una de las acciones empresariales a cualquier nivel o función, el establecimiento de objetivos y políticas, la puesta en marcha de estrategias como acciones, traen implícitos un conjunto de riesgos, mayores o menores, que deben o tienen que ser evaluados, considerados y obviamente estructurados en un plan para disminuir o minimizar su influencia. En segundo lugar, cada uno de esos riesgos evaluados a partir de su costo, económico o no y su impacto en todas las partes y acciones de la organización, deberán ser reinterpretado constantemente por la Alta Gerencia, cuya principal actividad es el establecimiento de una Visión Positiva de Futuro y dentro de ella la maximización de las Oportunidades de Negocios dentro de ese futuro.
Muy útil entonces sería implementar y mantener lo que hoy se denomina Administración de los Riesgos Empresariales, lo que significa el establecimiento de un proceso de análisis y acciones continuo, sistémico y permanente basado en el conocimiento, evaluación y el manejo de riesgos para el mejoramiento sostenido de las decisiones empresariales.
Para entender esto, baste decir que nuestra organización no necesita, ni premia que tomemos decisiones, en realidad lo que se nos pide cada día con más fuerza, es que seamos capaces de tomar decisiones acertadas, no es la cantidad, sino la calidad de nuestro trabajo lo que debe primar y este no será posibles sin incluir objetivamente un estudio de riesgos y un plan para su manejo.
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