
La ventaja de tener dos espacios para escribir es que puedo mover los temas a mi conveniencia. Este artículo estaba pensado para mi otro blog, pero prefiero publicarlo aquí, pues a pesar de que puede parecer jocoso, su contenido es bien serio.
Como muchos de ustedes, a cada rato recibo en mi computadora presentaciones en Power Point dedicadas a mostrar al mundo los carteles, anuncios, grafitis, mensajes, que aparecen en las calles de República Dominicana adosados a una pared, a un pedazo de muro, sobre una madera e incluso en las bóvedas del Cementerio Nacional que dan a la calle por encima del muro que limita el Campo Santo de la Ciudad.
Muchos de estos mensajes, lamentablemente famosos por la cantidad de faltas de ortografía con que están hechos, llegan a ser difíciles de leer, pues parecen construidos en un idioma que nada tiene que ver con nuestra lengua materna. A pesar del problema que representan, sinceramente algunos me hacen reír, otros son para llorar. Esto pudiera ser un buen tema para este artículo, pero no escribiré sobre ello, no vale la pena hacer leña del árbol caído. Primero porque pienso que no es exclusivo de este país ni mucho menos. A pesar de que vengo de una nación que muestra al mundo niveles educacionales superiores, los cubanos deberán recordar anuncios que dieron la vuelta a la isla como “Vendo cuna para niños de madera” o “Se venden medias para mujeres de nylon”, así que, dondequiera cuecen habas. Segundo porque en la mayoría de los caso, esos anuncios que nos parecen horribles y en realidad lo son, están confeccionados por hombres y mujeres de pueblo, a los que quizás la vida no les dio o ha dado la posibilidad de superarse, por lo que en vez de burla deberían crear en nosotros compasión. Tercero porque muchas veces esos carteles con grandes faltas de ortografía, están confeccionados para anunciar un hueco en la acera y evitar un accidente, tratar de prohibir que se arroje basura en determinado lugar y mantener la limpieza, anunciar la caída de un cable eléctrico y evitar que un ser humano se electrocute, tal como ha pasado recientemente a una mujer y su hijita de 4 meses de nacida, por lo que la nobleza del mensaje debería opacar la falta, sobre todo porque marca una posición hasta cierto punto humanitaria superior, frente a la cantidad de personas capacitadas y preparadas, bien vestidas y comidas, que pasan por esos lugares y no se motivan a hacer nada.
Hablaré entonces de las faltas de ortografía en los anuncios, poster, carteles, bajantes, elaborados por algunas empresas comerciales que aparecen adornando esquinas, aceras, frente de negocios y que si deberían darnos una enorme pena. Nada tiene que ver esto con la variante de mercadeo, utilizada a veces desmedidamente en décadas pasadas, de introducir cambios en determinadas letras de las palabras para llamar la atención, ejemplo Kafé, que también ha sido muy criticada al comprobarse con el paso del tiempo, los problemas que generó en el conocimiento y manejo de nuestro idioma o con la moda de crear casi un nuevo “idioma”, mezcla de español, inglés, siglas, números y quién sabe qué otra cosa, para acelerar la capacidad de escribir en un chat o a través de un celular, que también creará o está creando problemas. Me han contado que ya muchos jóvenes utilizan este mismo idioma para responder sus pruebas en las escuelas, a lo cual habrá que prestar una adicional atención.
La idea me surgió hace meses mientras disfrutaba de un buen café dominicano en una de las plazas comerciales más céntricas de la ciudad. Concentrado en mi cafecito en espera de un amigo, levanté la cabeza y me llamó la atención un enorme cartel repetido en tres partes diferente del frente de uno de los negocios de esa plaza. En él dice “Miami Uñas. Centro Profecional..” a todo color y tamaño. Brutal, casi muero.
Luego ha cobrado mayor fuerza en mí la idea, a partir de que me han colocado un bajante anunciando actividades festivas, músicas, karaoke, etc., en un club privado que está justo frente a mi apartamento, el cual como una tortura miro y miro muchas veces al día, donde se lee, “Todo los Viernes”
A partir de mi experiencia, trataré de explicar cómo funciona este tema de la confección de mensajes publicitarios, para demostrar que en realidad esos errores son algo más que pequeñas faltas de ortografía. En mi quehacer laboral, sin ser yo un experto en la complicada gramática del idioma español, he tenido muchas veces que estructurar los mensajes que se emitirán a los clientes. Después de emplear en esto varias horas de darle vueltas y vueltas, a veces solo, otras acompañado y casi siempre después de consultarlo con algún miembro de mi familia, entrego un texto que, en dependencia de su importancia y extensión se discute y aprueba por todas las personas que ver con el tema. El texto aprobado se envía a nuestro diseñador independiente Luis Manuel, que siempre genial y rápidamente agrega la parte del arte. Luis nos devuelve el mensaje ahora dentro de un diseño, o sea, colores, tamaños, imágenes y lo volvemos a mirar y analizar para su aprobación definitiva. Por momentos esto se resuelve de una vez, pero en ocasiones es necesario varias idas y vueltas, pues aparecen ideas nuevas, cambios de palabras, correcciones en el diseño, etc.
Cuando todo está exacto a lo que queremos, damos la orden a Luis para imprimir, por lo que supongo que él, que no es dueño de una imprenta, tiene que presentarlo en algún lugar, explicar a una o varias personas lo que quiere lograr con la calidad de impresión, tamaño, cantidades, colores exactos, etc.
Fin del cuento, como diría mi amigo cubano Robertico, el mismo mensaje lo han visto muchas veces como mínimo 4 ó 5 e incluso más personas, por lo que resulta inconcebible admitir que ninguna de ellas, empresarios, vendedores, mercadólogos, publicistas, diseñadores, administradores, gerentes, presumiblemente bien preparadas, puedan detectar estos errores ortográficos o de redacción, ¡a veces tan, tan garrafales!!!!!!!!!!!!!!!!!
Entonces, si aparecen adornando nuestra vida diaria y nadie los retira es que son confeccionados y leídos por ciegos idiomáticos o sencillamente por personas que le da lo mismo el error, o peor escriben como pronuncian. Mientras suene bien, allí se queda. Cualquiera de las tres variantes resultan muy peligrosas y evidencian un problema mayor que aquellos tristemente famosos mensajes producidos por los hombres y mujeres de pueblo.
Problema mayor, pues la falta de ortografía o error gramatical, no se queda ahí, sino que se hincha, como también diría mi amigo Robertico. El asunto cae de plano en algo más importante que una simple evaluación gramatical y es sencillamente la afectación que esto produce en la Imagen de una institución. La pregunta obligatoria entonces es: ¿cómo un negocio, plaza, centro comercial, empresa o institución de cualquier tipo, se da el lujo de presentar un cartel, ya no mal hecho desde el punto de vista de diseño, sino con enormes faltas de ortografía o redacción? En realidad la agresión al cliente puede comenzar por aquí mismo.
Recuerdo que revisando una tesis sobre Relaciones Publicas en una entidad gubernamental, nombre que me reservo por pudor, la alumna autora, incluso sin darse cuenta de la gravedad del asunto, exhibía como parte de su trabajo una foto del departamento en cuestión, donde en la puerta colgaba, o quizá aún cuelga, un cartel que decía: “Departamento de Relaciones Públicas. NO PASE”. Hay errores y errores, pero este para mí es extremadamente grande, pues evidencia un desconocimiento total del contenido de la función y sobre todo de los beneficios que puede traer para esa institución, de ser bien empleada. Mi recomendación, más allá del trabajo de la alumna fue, quitar de la puerta el fatal cartel y sustituirlo por uno que gritara ¡Aquíííííí Relacioneeeeeees Públicaaaaaaaaaaas. Paseeeeeeeeeeeeeee!!!!!!
Por último les quiero dejar una tarea para que piensen divirtiéndose y para que quizás les pueda servir de enseñanza, pues de los errores de otros también se aprende. Mi esposa en su diaria búsqueda de trabajo, acaba de encontrar en el Suplemento Plaza Libre del día 23 de junio, en la página 14 el siguiente anuncio: “Se solicita cocinera, de 20 a 35 años, femenina, sin experiencia”, ¿Podría ser cocinera y hombre a la vez?, ¿Podría necesitarse una mujer cocinera y a la vez femenina como condición para agradar, motivar, cautivar y hacer comer a los comensales?, por último, ¿sería coherente pedir una cocinera de oficio, sin experiencia?, lo cual me hace pensar en una idea más macabra, ¿querrán envenenar a los que van a comer? JAJAJAJAJAJAJA.
Nada…, así de complicado es el castellano.